Ligeia nunca fue como las demás niñas.
No jugaba con muñecas,jugaba con estrellas de mar.
No buscaba flores,buscaba perlas,cuanto más grandes mejor.
No le regañaban por no ducharse,pues siempre estaba limpia.
No le regalaban libros o vestidos,pero le daban los corales más extraordinarios.
Ligeia era una sirena,de las pocas que quedaban y,donde vivía,la única que no superaba los cien años.
Sin embargo,estaba en la plenitud de su esplendor.Poseía una larga cola de escamas azules,brillantes y pulidas como el zafiro,y una melena aún más larga de hermoso pelo rubio.
Su rostro,impoluto,de una belleza soberbia,ojos azules y pómulos altos,era la envidia de las demás sirenas,marchitas y decadentes.
Ligeia,sin embargo,era muy solitaria.Recorría el arrecife día y noche,buscando algo,aunque no sabía el qué.Sin embargo,tenía un secreto: cada vez que había luna llena,subía a la superficie,y se dejaba ver ante algún marinero solitario,majestuosa y enigmática.
Entonces le cantaba,y lo apresaba en la magia de su música para amarlo desenfrenadamente.Si a la mañana siguiente seguía vivo,lo dejaba a la orilla de alguna playa...si no,lo dejaba caer en las oscuras profundidades.
Pero ocurrió que,una de esas noches de luna llena,un marinero no sucumbió a su canción.Y hablaron,toda la noche.Y la siguiente,y las demás,aunque ya no hubiera luna.
Ligeia aprendió a aguantar la respiración en la superficie,pero cada cierto tiempo él tenía que besarla para insuflarle el oxígeno necesario.
Las noches pasaban,y cada una era mejor que la anterior.
Ella sabía que él no era exactamente lo que buscaba,pero pensaba que,con el tiempo,el cariño y la complicidad,nada podría separarlos.
Sin embargo,después de dos meses,una noche oscura él le dijo que ya no podía seguir dándole oxígeno,que volviera al mar,que fuera libre,porque él tenía mucho que hacer en otros lugares.
Quizá pudiera darle alguna noche,pero no estaba dispuesto a abandonar su negocio por ella,tenía que visitar otros puertos.
En un principio,Ligeia decidió aferrarse a su barco,a él,aunque no la viera,aunque no la quisiera como ella lo quería,esperando que cambiara de idea.
Un día,por fin,lo comprendió,y se soltó.
Dejó que la corriente la arrastrase,y se hundió lentamente en la inmensidad del océano.Al principio le parecía que se ahogaba,pues había pasado demasiado tiempo en la superficie.
Pasado un tiempo,volvió a ser capaz de respirar bajo el agua,pero ya no subía cada noche de luna llena a devorar marineros,no podía,no le encontraba sentido.
En su lugar,se subía a una roca y cantaba,le cantaba a la luna,toda la noche.Y su canción era un lamento,mezcla de desesperanza,resentimiento,desamor y lágrimas,pero increíblemente hermoso a pesar de todo.
Alguna vez vio a su marinero,pero para ella ese hombre y su antiguo amante no eran el mismo,no podía tratarse de la misma persona.
En cualquier caso,Ligeia tenía una certeza:volvería a respirar ese oxígeno,volvería a ser deslumbrada por esa luz,se entregaría de nuevo.
Volvería a amar y,esta vez,sería amada de verdad.